lunes, 8 de febrero de 2010

El Concilio de Hechos y la ausencia del sábado

Al crearse una controversia respecto a si los gentiles deberían de guardar la ley judía o no, la iglesia afirmo que no se debería de hacer así, ya que el nuevo pacto según las Escrituras, vino a reemplazar el antiguo.

Vemos al apóstol Pedro diciendo que los gentiles no deben ser puestos bajo la ley:

10 Entonces, ¿por qué tratan ahora de provocar a Dios poniendo sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros antepasados hemos podido soportar?11 ¡No puede ser! Más bien, como ellos, creemos que somos salvos por la gracia de nuestro Señor Jesús. Hechos 15:10-11.

J. Mark Martin ex - adventista comenta lo siguiente:

“El juicio final del Concilio de Jerusalén no contiene ninguna referencia en guardar el sábado. La circuncisión fue discutida y condenada como innecesaria (v. 5-6, 19-20). Si guardar el sábado iba a ser una parte especial del nuevo pacto con Dios hubiera sido mencionado en la discusión porque sería una práctica no familiar para los gentiles. El sábado ni siquiera fue discutido porque no era un requerimiento para los creyentes en el nuevo pacto:

28 Nos pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles a ustedes ninguna carga aparte de los siguientes requisitos:29 abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales estrangulados y de la inmoralidad sexual. Bien harán ustedes si evitan estas cosas. Hechos 15:28-29.

Noten que el Espíritu Santo no les puso a los gentiles una carga más grande que aquellas esenciales. Obviamente el Espíritu Santo no pensó que guardar el sábado nunca más fuera algo esencial.”

Ahora para llegar a un entendimiento mayor del versículo 29, este comentario es esclarecedor:

“La carta especifica que los cristianos gentiles deben cumplir con cuatro regulaciones que son expresadas en forma negativa: abstenerse de consumir alimentos que hayan sido sacrificados a los ídolos, de sangre, de comer animales que hubiesen muerto ahogados o estrangulados, y de la inmoralidad sexual. Estos cuatro requerimientos, sin embargo, se dan no como una ley universal aplicable a todos los cristianos en todos los tiempos. Más bien deben ser vistos a la luz del deseo del Concilio de mantener la unidad y la armonía entre los cristianos judíos y los cristianos gentiles. A la inversa, ningún cristiano, fuera judío o gentil, se opone a la primera estipulación si se relacionaba con su fidelidad a Jesucristo. Luego, el cristiano que busca vivir según la ley de Dios instintivamente se abstiene de la inmoralidad sexual. Y por último, las prescripciones de no comer carne de animales estrangulados y no consumir sangre son reglas higiénicas que los judíos por incontables siglos han observado para salvaguardar su propio bienestar físico” Simon J. Kistemaker, Hechos, (Libros desafío 2001) p. 601

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