martes, 29 de diciembre de 2009

1 Corintios 3:13

Este pasaje de las Escrituras es utilizado por los apologistas católicos como prueba bíblica del purgatorio, según el catecismo católico este estado se describe así:

III La purificación final o Purgatorio

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:

Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

(Las negritas son mias).

Vemos que el purgatorio es la doctrina que el alma tendrá una purificación final por las faltas leves que se hayan hecho.

Sin embargo resulta incomprensible que el pasaje estrella en el NT que utilizan los católicos no habla absolutamente nada sobre purificar el alma.

“La obra de cada uno será manifestada: porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba.” 1 Corintios 3:13

El fuego es para probar, no purificar, esto se ve claramente en el uso de la palabra "δοκιμάζω" (dokimazō) que esta relacionada con probar o evaluar algo.

Este es rectificado con el uso "ὁποῖος" (hopoios) que es un pronombre relativo a la calidad de algo.

Por lo tanto el texto no habla de la purificación del alma, sino de la prueba de fuego para las obras, no el obrador.

El catecismo no dice absolutamente nada de probar el alma o ponerla a prueba, porque las que van al purgatorio de estas dice: “Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación” por lo tanto no hay necesidad de prueba, sino de purificación, pero como el pasaje habla de las “obras”:

“….El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno” 1 Co 3:13 (NVI).

Esto va de la mano con el contexto que sigue a este versículo, ya que en los versículos 14 y 15, vemos la recompensa, que por sentido común se entiende por el que pasa la prueba no la purificación.

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