viernes, 25 de julio de 2008

Cipriano Vs Esteban

CIPRIANO

El libro de George Salmon, La infalibilidad de la iglesia, es muy recomendable para toda persona que quiera informarse sobre la controversia con Roma, en este caso quiero citar en como Salmon desarrolla el conflicto entre Cipriano y el obispo de Roma Esteban y sus implicaciones en cuestiones como la Sola Scritura, tradición e infalibilidad.

“Como testigo occidental, no puedo escoger uno mejor que San Cipriano, porque, como su controversia fue con el Obispo de Roma, la cita servirá también para demostrar lo poco reconocida que era la supremacía o la infalibilidad de la Sede de Roma en el siglo tercero. Cipriano como sin duda sabéis, se oponía a la costumbre de la Iglesia, que entonces existía, que reconocía la validez del bautismo conferido por los herejes, sosteniendo que las pretensiones de la costumbre tendrían que ceder ante las pretensiones de la verdad. Fue resistido por Esteban, Obispo de Roma, quien en la vehemencia de su oposición, traspaso todos los limites de la caridad, hasta excomulgar a todos los que disentían de el. Ahora, pues, la cuestión es, no quien tuvo la razón en esa disputa especial, sino cuales fueron los principios sobre los cuales los padres de la Iglesia, entonces, argüían. Cipriano escribe como sigue, a otro Obispo: “Lo he enviado una copia de contestación que nuestro hermano Esteban nos ha mandado a nuestra carta, por cuya lectura veréis el error de aquel que procura sostener la causa de los herejes contra la Iglesia de Dios; pues entre otras cosas, o bien insolentes o inaplicables, o contradictorias de si mismas, que el, atrevía e impensadamente ha escrito, ha agregado esto: “Si alguno viene a nosotros de cualquier herejía que sea, no se efectué innovación ninguna sobre la tradición que se haga la imposición de manos sobre el para el arrepentimiento”. Debo interrumpir mi cita, para decir que me parece asunto bien claro, por los demás documentos de esta controversia, que Esteban había afirmado su sucesión de San Pedro, y había demandado que la practica tradicional de la Iglesia Romana en este asunto fuera aceptada como transmitida a ella por San Pedro y San Pablo “Ninguna innovación sobre la tradición” clama Cipriano. “De donde viene esa tradición? ¿Desciende de la autoridad de nuestro Señor y de los Evangelios? ¿Viene de los mandamientos y de las Epístolas de los Apóstoles? Dios testifica que tenemos que hacer las cosas que están escritas, diciendo a Josué: “El libro de la ley nunca se apartara de tu boca; mas el día y de noche meditaras en el, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en el esta escrito. De la misma manera el Señor cuando envió a Sus Apóstoles, les mando que bautizasen a todas las naciones y que les enseñasen a guardar todo lo que el había mandado. De consiguientes, si se halla mandado, o bien en los Evangelios, o en las Epístolas Apostólicas o en los hechos de los Apóstoles, que aquellos que vienen de cualquiera herejía no deben recibir el bautismo sino solamente la imposición, desde luego, esta es una tradición divina, y tiene que ser observada; pero si en aquellos libros los herejes no son llamados sino adversarios de Cristo; si se nos dice que tenemos que evitarlos como perversos y condenados por si mismo, ¿Por qué no hemos de condenar a aquellos que el apóstol declara condenados por si mismos? Epistola 74 -Ad Pompeium.

Muy claramente Cipriano sostiene aquí, que el modo de descubrir cuales son tradiciones genuinas, no es aceptando la palabra del Obispo de Roma, sino escudriñando las Escrituras como único archivo fidedigno de la tradición apostólica.

La infalibilidad de la Iglesia, George Salmon, Edit. Clie, pag. 161

Es obvio que Cipriano no aprendió de la tradición la infalibilidad del obispo de Roma

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